HERMANAS HOSPITALARIAS



La Congregación nació en San Carlos Provincia de Ñuble en la Octava Región, Chile. El 14 de Abril de 1903.

Nuestro Padre es enviado al destierro al sur de Chile y un grupo de religiosas abandona la comunidad de las Hermanas Hospitalarias de San José instalándose en San Carlos de Ñuble. Ellas dejan de pertenecer a las Hermanas Hospitalarias de San José.

Con estas hermanas surge una nueva Congregación canónicamente aceptada y establecida con el nombre de Hermanas Hospitalarias del Sacratísimo Corazón de Jesús, cuyo fin es honrar a Nuestro Señor Jesucristo, como fuente y modelo de toda caridad, sirviéndole corporal y espiritualmente en la persona de los pobres.


El viernes 22 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, todas las hermanas renovamos nuestra consagración religiosa durante la Eucaristía, en cada una de nuestras respectivas comunidades.
Nuestro Carisma Desde el primer momento, la congregación ha estado sensible a las necesidades de la época y dedicada a las actividades apostólicas, preferentemente con niños huérfanos o en situación irregular, en colegios, con ancianos y enfermos en hospitales prestando atención, según los tiempos y lugares, al llamado de la providencia para el desarrollo de su labor.

Así pues, de acuerdo a la mente del fundador y a la tradición de la congregación, las hermanas, para vivir el amor preferencial de la Iglesia por los pobres, podrán asumir obras de diversas naturaleza siempre que sean el servicio de los pobres.


El ideal de la congregación es manifestar el amor salvador de Dios a los hombres en una dimensión liberadora.

Asumiendo los dolores de los que sufren es como las hermanas construyen su comunidad y para ella asumen solidariamente las necesidades.


La fuente de su espiritualidad apostólica es el corazón mismo de Cristo, quién tomó sobre sí nuestros dolores y cargó con nuestras culpas. (Is 53) Unidas al Corazón de Cristo, cuyo amor es más grande que la muerte procuran las hermanas crecer en la caridad, a cuyas obras dedican sus vidas.

Colaborando a que el hombre sea significado y valorado como persona.


La principal tarea de las Hermanas
es hacer sentir ese amor y preocupación de Cristo a los más pobres y necesitados. Viviendo la actitud del Buen Samaritano (Lc 10, 29-37), reconocemos la misericordia del Señor que se derrama sobre todos. En esta actitud y compromiso se expresa en el carácter específico de la congregación, expresado a través de su fundador, quien aspiraba ver las hermanas "atentas, disputándose los dolores de los afligidos para suavizarlos y las lágrimas y amarguras de la vida para endulzarlas"

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